El Museo del Romanticismo muestra el mito de Rafael Tegeo

El Museo del Romanticismo acoge la muestra ‘Rafael Tegeo, 1798-1856’, una monográfica del pintor español que fue “una figura fundamental” en la escena artística del siglo XIX y se caracterizó por su “independencia” y su ideología liberal que “le trajo muchos problemas”. Tegeo fue también uno de los primeros introductores de la sensibilidad romántica en la pintura española.

Así lo ha hecho saber la comisaria de la muestra -junto con Carlos González Navarro- y directora del museo, Asunción Cardona, este martes 27 de noviembre en un encuentro con los medios en el que ha destacado que a pesar de vivir “en la época de las apariencias” Tegeo se mantuvo al margen y fue capaz de captar “la sensibilidad y los defectos” en sus retratos. “Era un hombre de carácter fuerte e independiente”, ha añadido.

La exposición tiene como punto de partida la adquisición por parte del Museo de ‘la Virgen del Jilguero’, pieza clave de su producción religiosa y una de las más depuradas pinturas de toda su producción, con la que la institución decidió poner en marcha la recuperación del artista.

La exposición, además de la habitual sala de exposiciones del museo, ocupa, en forma de recorrido, los puntos principales de sus salas, lo que ofrecerá al visitante la oportunidad de confrontar las pinturas del artista con las de otros mejor conocidos y ya consagrados.

Así, Cardona ha destacado que otra de las cosas que caracterizan a Tegeo es a pesar de su formación clásica es capaz de introducir la expresión del realismo. “Destaca su permeabilidad de las corrientes que van confluyendo a su alrededor”, ha explicado.

Tegeo llevó a cabo su primera formación artística en Murcia, trasladándose después a Madrid para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí se educó en la pintura neoclásica y además trabajó ayudando a Fernando Brambilla, pintor de cámara del rey Fernando VII. Así, se familiarizó con la pintura decorativa y de paisaje, que serían fundamentales más tarde.

En 1822 viajó a Roma por su cuenta donde permaneció hasta 1827. Estos años le reportaron influencias de los grandes maestros del Cinquecento. A su vuelta a España en 1828 fue nombrado miembro honorario de la Real Academia de San Fernando, y con motivo de su ingreso realizó una de sus grandes obras de carácter mitológico ‘Hércules y Anteo’.

La muestra está formada por cerca de 30 piezas y cuenta con préstamos del Museo Nacional del Prado, las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional, el Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y algunas destacadas colecciones privadas españolas y extranjeras.