Cansadas de antiespañoles y otras zarandajas

Por: Félix Rosado

Últimamente no, siglos ha, o sea, desde que los países centroeuropeos, flamencos y bajos, inventaron la leyenda negra para combatir el dominio del Imperio español, todo son arremetidas contra los españoles, somos el pim pam pum de todo ignorante que se precie de desconocer las realidades, calando los retorcimientos del pasado en el presente, hasta tal punto que dentro de España, ya en el siglo XXI y con una perspectiva histórica que debiera poner tales sucesos sólo en los libros de Historia, resulta que muchos de los que se dicen formados tienen un concepto intelectual de tales hechos que bien parecen jueces incendiarios medievales. En los países bajos asustan a los niños diciendo ¡qué viene el duque de Alba!

Vamos, que aplican acusaciones inquisicionales en este tercer milenio a quienes habiendo nacido en España y tenemos dni español osamos decir que somos españoles, que respetamos la bandera constitucional rojigualda y que hemos aprobado una Constitución democrática en 1978. Pues podemitas, retroprogres y otros pijos modernos vividores vuelven con la matraca.

No digo yo que Hernán Cortés no conquistara, no, ni que no fuera ambicioso, ni en ocasiones cruel. Publiqué en 1999 un cuento literario de ficción titulado “Yo vi llorar a Hernán Cortés” (Auryn Editorial) y mezclo literatura y ficción, que eso lo permite la creación, pero las crónicas de Indias y los hechos en los que me basé son duras por donde se mire. Ni Cortés era un angelito, ni Moctezuma un idílico indio inocente. Los sacrificios humanos eran rituales que se practicaban como si eso fuera normal. Para que naciera el maíz se sacrificaba a mujeres jóvenes y hermosas. Había desollamientos de mujeres y se sacaba el corazón a los cautivos de otros pueblos. Y Moctezuma era un macho alfa: tuvo 150 hijos, con numerosas mujeres. Y el rey de Texcoco, Netzahualpilli, llegó a procrear hasta 1.500 vástagos. O sea, costumbres dignas de las críticas del Metoo. Los españoles también acabaron con todo eso.

Pero no, dicen ahora los descendientes de españoles que tienen poder y vara de mando en México,  que el rey borbón de España, Felipe VI, tiene que pedir perdón por la conquista de América. Es un discurso que no se sostiene intelectualmente de ninguna manera, porque la historia de la Humanidad está llena de movimientos de guerra que nos han conducido hasta aquí, pero eso no significa que nadie de los que hemos nacido en esta era sean/seamos responsables de lo que ocurrió hace cinco siglos.

Va a resultar que Eva, la primera mujer que cometió el pecado bíblico original, era española, y le dio a morder de la manzana a Adán, que vivía en el paraíso sin tener nacionalidad alguna.

Son muchas las personas que ya están/estamos lógicamente hartas de que cuelguen el sambenito a los españoles de todos los males. Ni los españoles de hoy somos culpables de la conquista de México, ni de la invasión del Imperio Romano, ni los alemanes de hoy son culpables de que las primeras hordas bárbaras arrasaran a los romanos, ni siquiera los alemanes de hoy son culpables del regímen nacionalsocialista nazi de Hitler, ni de que Atila rey de los hunos conquistara  media eurasia, ni los macedonios de hoy son culpables de las tropelías de Alejandro Magno, ni los actuales mexicanos son culpables de los sacrificios cometidos por los aztecas contra los pueblos sometidos antes de la llegada de Hernán Cortés a Technotitlán.

Ni siquiera los mexicanos de hoy son culpables de que un hijo de españoles con ideas pseudoprogres, como es el señor presidente López Obrador, o Cobrador, como le llaman, haya sido elegido presidente para arreglar los graves problemas que tienen los mexicanos y las comunidades indígenas mexicanas, y en vez de eso, se dedique a platicar y enredar con ideas peregrinas influido tal vez por su esposa, una medradora historiadora, con antepasados alemanes. Resulta que ambos se presentan, muy progres y modernos, delante de una pirámide de sacrificios de pueblos originarios para grabar un video y arremeter contra los españoles que salvaron a esos pueblos, porque si nos ponemos así, todo tiene su punto de vista.

Y en España, salen otros grupos igualmente redentores del pasado a respaldarlo, pero, eso sí, no saben gobernar el presente y sí vivir de la sopa boba, ya sabemos quiénes son, se pasan el día ondeando banderas preconstitucionales, como la republicana o la comunista de la extinta dictadura soviética, que son del pasado.

Y no por pertenecer a la generación del babyboom de los años sesenta y setenta, somos franquistas los españoles que hemos nacido cuando vivía Franco, porque sabemos que era un dictador, y hoy tenemos interés en que se resuelvan los problemas de hoy, no del pasado, porque del pasado se encarga la Historia, no los políticos.

Y además, todos estos españoles antiespañoles vuelven a preocuparse de lo vacuo y nos vuelven a traer al siglo XXI temas que a nadie preocupan; resulta paradójico que muchos de los que se alegraron cuando murió el dictador Franco y brindaban, ahora estén preocupados y lloren porque no logran sacar al muerto de su tumba, es que es valleinclanesco. Ya lo ha dicho también Antonio Banderas, que no es sospechoso de nada, Franco estaba más muerto en los ochenta que ahora.

Claro que así es el carácter de quienes pretenden no gobernar, que de esto han demostrado no saber, sino que se empeñan en lo único que les interesa, mantener el poder y volar en avión presidencial. Y lo pretenden a costa de Hernán Cortés, allí, o de Franco, aquí, y otras zarandajas, cuando hace no mucho, los mismos, hundieron la economía del país, y parece que pretendieran volver a hundirla por segunda vez.

Ni tampoco van a vivir mejor los mexicanos si el Rey de España pidiera perdón porque en 1519 un español, extremeño, Hernán Cortés con la ayuda de los pueblos tlaxcaltecas puso fin al Imperio azteca.

Ya han dado su repaso a tal sandez escritores como Arturo Pérez Reverte o mi admirado Raúl del Pozo, quién presentó mi novela Sangre de Luna en el Ateneo de Madrid hace ya unos años. Escribió Raúl estos días: “Como insultarnos es la tendencia, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, en una carta dirigida al Rey de España y al Papa, insta a Felipe VI a reconocer los atropellos que se cometieron en la conquista y a pedir disculpas. La respuesta de Arturo Pérez-Reverte ha sido perfecta: <<Que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza>>. Pero como dice el escritor, España es el tiro al blanco de los demagogos. Eso de dividir México entre gachupines e indigenistas a estas alturas es de un descarado oportunismo, es cargar sobre los españoles todos los desmanes de una época en la que fuimos los mejores. Aquello fue un inmenso jergón redondo del que salieron mestizos, saltosatrás, mulatos…. Ya del apareamiento entre Hernán Cortés y la Malinche nació uno de los primeros criollos”. Recoge pues los comentarios con atino de Pérez Reverte en su acertada crítica a Obrador. Yo simplemente, les respaldo.

Basta ya de culparnos de hechos del pasado a quiénes sólo estamos preocupados por que el presente sea mejor. La Historia no se puede cambiar y lo que pasó, pasó. Esto me recuerda también a las nietas de algunos nazis, como la mulata Jennifer Teege, autora del libro  ‘Mi abuelo me habría pegado un tiro’, o Katrin Himmler, que publicó también ‘Los hermanos Himmler’, ellas ciertamente no son culpables de hechos del pasado en los que participaron sus antepasados.