Carcasona, espíritu cátaro

JOYA MEDIEVAL FRANCESA

La capital del departamento de Aude, (Francia), Carcasona es, desde luego, la mejor referencia de lo que representaron los cátaros y tiene, sin duda, una de las fortalezas mejor conservadas de Europa, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Ciudad-fortaleza desde los comienzos de la historia, Carcasona ha visto pasar a lo largo de los siglos a galos, romanos, visigodos, árabes, francos, cátaros y, ahora, a miles de turistas de todo el mundo.

Desde la distancia, la contundente masa gris de las Murallas de Carcasona emerge sobre los viñedos afianzando su aspecto de fortaleza inexpugnable. Los muros que rodean la ciudad son, aún hoy, uno de los mejores ejemplos de ingenio militar de todos los tiempos. Las torres rematadas por conos de pizarra negra evocan, de manera inmediata, a los cuentos de hadas, pero la historia de esta imponente plaza fuerte dista mucho del ideal de cuento con final feliz.

LA INQUISICIÓN NACE EN FRANCIA

Los miles de viajeros que se acercan a esta joya medieval de la región francesa del Languedoc, llegan atraídos por uno de los episodios más violentos y, a la vez, atrayentes, de la historia gala. Se trata de un siniestro recordatorio de la Cruzada Albigense, el conflicto armado que acabó con los cátaros. Precisamente fue este el escenario del nacimiento de la Inquisición, invento francés que entró en la Península por Aragón aunque sea famosa en el mundo entero bajo el apelativo de española.

La Cité, como se llama la ciudad intramuros, sufrió muchos desperfectos durante los ataques de la cruzada albigense, en el siglo XIII cuando Simon de Monfort llegó a Carcasona al mando del ejército cruzado enviado por el Papa Inocencio III para combatir la herejía cátara. El asedio a la ciudadela medieval acabó en 1209, con la toma de la ciudad que quedó casi en ruinas.

Años después fue reconstruida y restaurada por los monarcas franceses, un proceso que se ha ido repitiendo interminablemente desde entonces y que no es del gusto de todos.

La Cité es un verdadero paraís para los estudiosos de las guerras medievales. Constituye un perfecto ejemplo de los más sofisticados métodos bélicos de la época, con sus veintiséis torres, sus altos torreones, sus aspilleras, y con los aposentos de los condes, un castillo dentro del castillo. La vista que se obtiene de la ciudad medieval es fantástica.

En Carcasona, la arquitectura castrense no lo es todo, la basílica de Saint Nazaire es prueba de ello. Su interior es bañado por la luz que entra a raudales por los hermosos rosetones de la Virgen y de Cristo, e ilumina la piedra sepulcral bajo la que reposan los restos del no por todos querido en esta tierra, Simon de Monfort.

Antes de abandonar la ciudad, vale la pena una visita a la que todavía se denomina ciudad nueva, aunque sea del siglo XIII, en especial su calle principal, la rue George Clemenceau, visitar sus iglesias, entre ellas la catedral de Saint Michel, y llegar hasta el Canal du Midi, también Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

CÓMO IR:
Lo más cómodo es viajar en AVE, de Renfe y SNCF en cooperación, que conecta Madrid, Zaragoza, Tarragona, Barcelona y Gerona con 15 ciudades francesas, entre ellas, Narbona y Carcasona. Hay un tren diario. La clase Preferente/1ª Clase no incluye servicios a bordo, aunque, curiosamente, los pasajeros que hacen, por ejemplo, el trayecto de Madrid a Barcelona sí disfrutan de comidas, bebidas, prensa, etc.
https://www.renfe-sncf.com 

COMER Y DORMIR:
El Hotel de la Cité, (MGallery Collection), de 5 estrellas, goza de una estratégica ubicación en el centro de la ciudad fortaleza de Carcasona. El hotel cuenta con 47 habitaciones y 13 suites, piscina al aire libre y parque a la sombra. Fusiona hospitalidad con experiencias gourmet a cargo del chef Jérôme Ryon (1 estrella Michelin)
www.cite-hotels.com