El ominoso silencio del PSOE

Por: José Antonio Martínez

El malestar, la crítica y la discrepancia en la familia socialista con la deriva que ha tomado el gobierno de Pedro Sánchez es cada vez mayor, pero al margen de algunas críticas en voz baja lo cierto es que en el actual PSOE impera un ominoso silencio.

Algunos ‘barones’ socialistas como García-Page, Fernández Vera o Lambán han dejado escapar alguna queja ante el modo de gobierno de Sánchez. Lo que les ha dolido especialmente es el denigrante pacto con Bildu para superar el primer escollo de los Presupuestos Generales en el Congreso, pero ésta es sólo una de las muchas líneas rojas que ya ha traspasado el secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, sin inmutarse y mintiendo descaradamente. Dijo que no pactaría nunca con Bildu y ahí está, del brazo de los herederos políticos de ETA; prometió que iba a endurecer las penas por convocar un referéndum ilegal, en referencia a Cataluña, pero lo cierto es que está preparando el indulto de los presos condenados por sedición y pergeñando una reforma legal para reducir las penas por ese mismo delito, lo que viene a suponer una invitación a que sus socios de ERC vuelvan a intentar el golpe separatista.

Ya es un lugar común decir que Sánchez no tiene principios y que sólo le importa el poder por el poder. Y es cierto. Si para lograr ese objetivo tiene que acabar con la independencia de los jueces, silenciar al Parlamento y a la oposición, espiar y tapar la boca literalmente a los ciudadanos, imponer la censura a los medios críticos y la manipulación en los públicos, prohibir el uso del español en Cataluña, atacar a la educación concertada, o amenazar con que Hacienda pueda irrumpir en los domicilios particulares o en las empresas, pues lo hace y sin que le tiemble el pulso.

Su alianza con Podemos responde sencillamente a esa estrategia, pero presenta un aspecto muy preocupante porque su socio Pablo Iglesias tiene un perverso y delineado plan que él mismo airea, como es acabar con el llamado régimen del 78, que es el que ha permitido que los españoles disfrutemos de más de cuarenta años de paz, democracia y prosperidad en el marco de una Monarquía constitucional moderna, encabezada hoy de forma intachable por Felipe VI. Iglesias sólo quiere sustituir el templo de la democracia -destruirlo más bien- para imponer una republiqueta -en palabras de Felipe González- que se parecería mucho a la pobre Venezuela gobernada por el dictador Maduro. ¡Menudo cambiazo! Y ante ello hay que estar preparado, porque los Presupuestos Generales diseñados a pachas por Sánchez e Iglesias auguran un panorama sombrío: un paro en aumento, hundimiento del PIB, una deuda desbocada, y un aumento de impuestos no a los más ricos, sino generalizado, un auténtico jaque mate a la clase media española.

Ante este panorama que se avecina no basta con confiar en que la UE pare los pies a Sánchez y le imponga un cambio de rumbo a cuenta de los 140.000 millones necesarios para evitar la quiebra de España SA. Personajes históricos del PSOE que contribuyeron decisivamente a la llegada y asentamiento de la democracia deberían hacer oír su autorizada voz y romper ese ominoso silencio del PSOE, un partido domesticado por Sánchez, que ha impedido cualquier debate interno para no tener que aguantar críticas. Políticos de la talla de Felipe González, Alfonso Guerra y otros muchos tienen la obligación moral de encabezar una respuesta democrática. No es tiempo de pensar en la poltrona particular, sino en el interés general de los ciudadanos. Si los ‘barones’ socialistas persisten en su silencio serán cómplices de un político autoritario que, falto de principios y de escrúpulos, lleva España a la deriva.