El Prado reordena sus salas dedicadas al XIX

El Museo Nacional del Prado ha presentado la reordenación de las salas dedicadas al siglo XIX con un discurso más internacional, mayor presencia de mujeres y más peso de la pintura social.

De este modo, el museo ha vuelto a abrir al público las salas dedicadas a la colección del siglo XIX con la visión “más profunda, audaz e integradora” desde que se inauguraron en 2009 como parte del Plan de Colecciones denominado ‘La colección: La otra ampliación’.

La nueva museografía de las salas del siglo XIX, con 275 obras frente a las 170 del montaje anterior, plantea una exploración más profunda de esta colección, dotándola de una mayor continuidad con el arte predecesor, para finalizar en las primeras décadas del siglo XX. Además, esta nueva revisión contextualiza más ampliamente el arte español dentro del arte europeo, ofreciendo una perspectiva más global de las manifestaciones artísticas decimonónicas.

El director del Museo Nacional del Prado, Miguel Falomir, ha explicado, durante la presentación de la reordenación de las salas, que la colección del siglo XIX “podía mostrarse más atractiva visualmente y mucho más interesante desde un punto de vista conceptual de cara al público”.

“Teníamos la posibilidad de mostrar un siglo XIX más variopinto, con nuevas temáticas y nuevos soportes artísticos hasta ahora menos representados o nulamente representados en el anterior montaje”, ha señalado Falomir.

De los más de 130 autores diferentes, 57 de ellos hasta ahora no habían estado representados en las salas, trece son mujeres y 37 extranjeros, frente a los diez de la instalación anterior. Por primera vez se incluye una muestra de autores filipinos en la colección permanente y se incorporan nuevas disciplinas artísticas como la miniatura, con un importante conjunto de 40 obras; el grabado; y la medallística.

Asimismo, se dispone de una mayor presencia de la pintura social, la más importante en la última década del siglo XIX, y se presenta una sala dedicada a los retratos y autorretratos de artistas, a modo de parnaso pictórico y escultórico español.

“Se ha intentado contextualizar el siglo XIX dentro de unas coordenadas más internacionales y cosmopolitas”, ha manifestado Falomir, quien ha destacado que tienen una “magnífica” colección de miniaturas, se ha mantenido la presencia de esculturas y se han incluido medallas y grabados para “aportar una visión al espectador más compleja y completa” de ese siglo.

 

IMPORTANCIA DE LA PINTURA DE HISTORIA

El director del Museo Nacional del Prado también ha resaltado la importancia de la pintura de historia en la reordenación de las salas, “que gana en visibilidad”. Precisamente, la gran galería abovedada, la sala 75, alberga ahora la pintura de historia con obras de gran formato y diversas esculturas, prestando atención a los procesos creativos a través de la incorporación de una docena de bocetos de algunas de las obras más relevantes.

Desde ‘Las pinturas negras’ de Goya en la sala 67, pasando por el gusto por la mirada al pasado nacional en la sala 75, para terminar en la apertura del siglo XX con la renovación artística e intelectual en España, el recorrido por las quince salas del ala sur del edificio Villanueva, unos 1.600 metros cuadrados, plantea diálogos entre autores, pinturas y esculturas, y asociaciones que hablan de influencias y admiraciones.

Para el presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado, Javier Solana, se trata de una presentación “maravillosa”, con muchos más cuadros y “expuestos de otra manera”.

“El museo está teniendo una vitalidad extraordinaria, parece que el coronavirus no solamente no nos ha hecho sufrir más de lo necesario sino que estamos con una energía vital de hacer cosas que no hacíamos”, ha celebrado Solana durante la rueda de prensa de presentación de la nueva reordenación de las salas.

 

EL RECORRIDO DE LA NUEVA REORDENACIÓN DEL SIGLO XIX

Tras un recorrido por las pinturas murales al óleo que ocuparon dos habitaciones de la llamada ‘Quinta del Sordo’, que Goya había comprado en 1819, las ‘Pinturas negras’, y por otras obras de sus años finales, el visitante se adentra en la sala 64 con obras realizadas durante las dos primeras décadas del siglo XIX, una época marcada en España por la crisis política y bélica derivada de la expansión napoleónica, que enfrenta el 2 y 3 de mayo de Goya a ‘La muerte de Viriato, jefe de los lusitanos’ de José de Madrazo, junto a su boceto, obra marcada por el canon neoclasicista.

El triunfo del Neoclasicismo en España abarca el primer tercio del siglo XIX y se puede contemplar en la sala 62 a través de obras de algunos de los autores más destacados de su tiempo, como José Aparicio, Juan Antonio Ribera o José de Madrazo. En esta misma sala hay una vitrina con 40 miniaturas, cinco de ellas obra de mujer, entre las que destaca ‘La amabilidad’, de Marcela de Valencia.

Tras la sala dedicada al Romanticismo en la que se incluyen ejemplos de la recuperación de la tradición pictórica del Siglo de Oro, se avanza hacia la sala dedicada a Eduardo Rosales, uno de los más grandes nombres del arte español de todo el siglo XIX, que volvió su mirada desde el purismo académico hacia la lección realista del arte de Velázquez.

El paso hacia la sala 75, gran galería abovedada, sumerge al visitante en un conjunto de acontecimientos y personajes históricos al servicio de los valores nacionales, entonces emergentes a través de obras de gran formato que, en ocasiones, pueden contemplarse junto a su boceto.

Aquí se puede contemplar la evolución estilística, igual que en la escultura, desde el purismo académico inicial al realismo y al naturalismo. Una obra en material no habitual, la cera policromada, el modelo del sepulcro de Colón en la Catedral de Sevilla, realizado por Arturo Mélida, amplía la visión finisecular.

En la sala 62 B, Paul Baudry, Jean-Lous Ernest Meissonier, Rosa Bonheur y Franz von Lenbach representan el arte cosmopolita europeo.

Entrando en el tercer cuarto del siglo XIX, el visitante encuentra a Fortuny en la sala 63 B, pintor reconocido internacionalmente por su extraordinaria habilidad y relacionado aquí, a través de una de sus mejores copias, la del ‘San Andrés’ de Ribera, y una de sus obras más destacadas, el ‘Viejo desnudo al sol’, con la tradición pictórica española.

La evolución del paisaje del Romanticismo al Realismo llega de la mano de Carlos de Haes, Martín Rico, Luis Rigalt y Muñoz Degrain, entre otros, en la sala 63 A. Por su parte, la sala 62 A reúne 53 retratos y autorretratos, imágenes de los principales artistas y, entre ellos, todos los que fueron directores del Prado en el siglo XIX, a modo de parnaso pictórico y escultórico español.

En la última década del siglo XIX la pintura social se convirtió en la manifestación más difundida del arte. En la sala 61 A, a la obra de Sorolla ‘¡Aún dicen que el pescado es caro!’, se une ahora ‘Una huelga de obreros en Vizcaya’ de Cutanda. En este misma sala, dos mujeres que se incorporaron públicamente a la práctica de la pintura, María Luisa de la Riva y Fernanda Francés, y una representación de pintores nacidos en Islas Filipinas.

En la última sala del recorrido, a las obras de Joaquín Sorolla se suma ahora una mayor presencia de la obra realizada en las primeras décadas del siglo participante de las corrientes simbolistas e impresionistas, con Regoyos, y modernistas con Hermen Anglada-Camarasa y una de sus discípulas, María Blanchard, que se incorpora así a la colección permanente del Prado.