El primer texto en lengua de signos española, una obra de 1821

El primer texto en lengua de signos española es una obra de 1821

El primer texto traducido en lengua de signos española es un manifiesto escrito en el año 1821 por el maestro de la Academia de Sordo-mudos de Barcelona Francisco de Paula Simón y Enrich, titulado ‘Breve Tratado de Doctrina Cristiana para la enseñanza de Sordo-mudos’.

En la obra, el autor hacía viable la atención moral y religiosa de las personas sordas no instruidas, gracias al empleo y uso continuado de la lengua de señas propia de su época, y lo ponía por escrito a disposición de los sacerdotes.

Así lo refleja el artículo de Pedro Martínez Palomares, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, publicado en la Revista de Estudios de Lenguas de Signos (REVLES), editada y coordinada por el Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos Española (CNLSE) y promovida por el Real Patronato sobre Discapacidad con la colaboración de la Fundación CNSE.

 

TRADUCCIÓN SIGNADA

Simón abordaba cuestiones de lingüística y aportaba no solo el léxico necesario para la comprensión de la doctrina cristiana, sino que ésta la presentaba en castellano y, en paralelo, su correspondiente traducción signada, para facilitar a los sacerdotes ejercitarse en las señas, en el dominio de las estructuras sintácticas de dicha lengua y, entrando en conversación con ellas, “puedan instruirles y recibirles confesión”.

El modelo de instrucción del maestro Simón se aplicaba fuera del contexto escolar y, según la publicación de Martínez Palomares, “marca un antes y un después en la historia de la lengua de signos española” ya que su contenido lingüístico constituye la “primicia documental” de un testimonio histórico que enraíza y configura la lengua de signos española de la época e “interpela poderosamente” a las personas sordas, a los intérpretes y a los investigadores.

El artículo del investigador destaca que el motivo que llevó a Simón a escribir dicha obra religiosa “se debía a las peticiones de varios sacerdotes de contar con orientaciones con las que atender pastoralmente a los sordomudos de sus parroquias”.

 

CUATRO PARTES

La obra de Simón consta de un cuerpo manuscrito con la misma grafía, dividido en cuatro partes: el ‘Prólogo’; el ‘Breve Tratado’ propiamente dicho con el modo de ‘Confesar a los Sordo-mudos’; un ‘Diccionario de señas’ necesario para la transmisión del contenido doctrinal; y la ‘Advertencia’ última del autor.

El objetivo del autor era elaborar un resumen de los puntos fundamentales de la doctrina cristiana que pudiera expresarse en lengua de señas de su tiempo, para extender la instrucción religiosa a las personas sordas, incluidas las no alfabetizadas.

Simón incidió en describir las señas que había que hacer, cómo se hacían y en qué orden debían estar colocadas en el discurso, pero, según apunta Martínez Palomares en su artículo, “se dio cuenta de que no era suficiente.

Para que los sacerdotes, como intérpretes, pudieran atender pastoralmente a los sordos, Simón decía que era “preciso darle algunas nociones para que puedan entender el idioma con que los Sordo-mudos confiesan sus culpas, y asegurarse de que saben aquellos misterios indispensables en los adultos para recibir los sacramentos”.

Asimismo, hacía hincapié en la importancia de la expresión representada en el rostro, ya que, en sus palabras, como lengua visual constituía “el alma de este idioma”, hasta el punto de que

“unos mismos signos, figuras, y acciones mudan enteramente de significación según los visajes que resultan de los gestos”.

El investigador Martínez Palomares concluye que Simón describía los signos que empleaban las personas sordas en España a principios del siglo XIX y traducía “con fidelidad” el discurso signado.

“No utilizaba signos ligados al alfabeto manual ya que los beneficiarios finales eran las personas sordas no alfabetizadas. Se trata, pues, de un testimonio documental con unas características que, hasta el presente, no se había tenido noticia semejante en otros lugares”, señala el experto.