El Thyssen acoge la exposición ‘Los Impresionistas y la fotografía’

Para reflejar su simbiosis

El Museo Thyssen-Bornemisza acoge la exposición temporal ‘Los Impresionistas y la fotografía’, una muestra que enfrenta a este estilo pictórico contra una de las revoluciones artísticas del siglo XIX en busca de su “simbiosis”, “afinidades” y “mutuas influencias”.

La exposición, que se podrá visitar hasta el próximo 26 de enero, contrapone 66 óleos y más de 100 fotografías procedentes del fondo del museo y de la colección de la Baronesa Thyssen –la mayoría de los cuadros– y de colecciones fotográficas de instituciones como la Bibliothèque nationale de France, The J. Paul Getty Museum de Los Ángeles o del Victoria and Albert Museum de Londres.

En el acto de presentación, que ha estado presidido por el director del Museo Thyssen-Bornemisza, Guillermo Solana, la comisaria de la exposición, Paloma Alarcó; y la consejera de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera; se ha puesto el foco en el carácter didáctico de la muestra que busca influir en la mirada del espectador, para que observe “de distinta manera” las obras y sea capaz de identificar “las influencias mutuas del impresionismo y la fotografía”.

“Todos los impresionistas nacieron cuando la fotografía ya existía y estaba cada vez más presente”, ha explicado Alarcó, quien ha desgranado que como en consecuencia de este nuevo modo de reproducción esta escuela pictórica interiorizaron el concepto de “momento efímero” que desprendía la fotografía, que captaba un instante concreto.

 

TRAZOS RÁPIDOS EN BUSCA DE LA FUGACIDAD DEL MOMENTO

 

Así los trazos fluidos y rápidos de pintores como Monet, Degas o Reinoir buscaban aproximarse a esa fugacidad junto al interés por la vida que les rodeaba, desaparecen temas como las escenas mitológicas para centrarse en lo cotidiano.

En esta línea, la fotografía también lleva al impresionismo la “selección de un fragmento de la realidad”, lo que, según Alarcó, lleva a una “mirada selectiva” con la toma de elementos fotográficos como los primeros planos.

La reproductibilidad de la fotografía, que “inundaban todo” a finales del siglo XIX, llevan a que estos pintores también realizasen series de sus propios cuadros, como las distintas representaciones de Monet de la catedral de Ruán en diferentes épocas del año.

Por su parte, según ha indicado Guillermo Solana, la fotografía también toma elementos de la pintura como determinadas poses o los fondos. Esta muerta, compuesta de nueve secciones hace un recorrido temático en el que “se puede observar” como se empiezan con “fotografías que son casi más pinturas que las pinturas” y se termina con lienzos “a veces más fotográficos que las fotografías”.

Amplios bosques, figuras en la naturaleza y los reflejos del agua comienzan un recorrido en el que constantemente se contraponen fotografías de la época, a veces referente del lienzo, que continúa con las vistas aéreas de ciudades e imponentes monumentos para culminar con el retrato y el desnudo.

Según ha explicado Alarcó, en un principio iban a ser solo ocho bloques –el bosque, figuras en el paisaje, el agua, en el campo, los monumentos, la ciudad, el retrato y el cuerpo–, pero finalmente se incluyeron imágenes de archivos personales de varios pintores, entre los que figuran, por ejemplo, fotografías coloreadas de las obras de Monet.

Por su parte, la consejera de Cultura y Turismo ha puesto el foco en el poder de la pintura y fotografía, que en el momento, eran la “única forma de congelar el instante, guardar los recuerdos y hacer las emociones perpetuas” y ha remarcado que la muestra es “el resultado de un trabajo inteligente y sagaz”.