El Thyssen celebra el centenario de la Bauhaus

Homenaje al movimiento artístico alemán

El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha inaugurado la exposición ‘La Bauhaus en las colecciones Thyssen’ –abierta hasta el próximo 12 de enero de 2020– con la que pretende homenajear al movimiento artístico alemán –que cumple 100 años– y, a la vez, mostrar una de sus facetas más desconocidas, la de la pintura.

“Muchos pueden llegar a pensar que es una exposición rara sobre la Bauhaus: no hay muebles de tubo ni lámparas geométricas. Pero esto es una pinacoteca y se puede erosionar el cliché a través de las obras de grandes maestros que fueron el alma del movimiento”, ha señalado el director artístico del museo, Guillermo Solana.

La exposición cuenta con 14 obras de artistas vinculados históricamente a la escuela y pertenecientes a la colección permanente. Las obras están firmadas por artistas como Johannes Itten, Lyonel Feininger, Paul Klee, Wassily Kandinsky, Lászlo Moholy-Nagy, Oskar Schlemmer y Josef Albers –todos ellos profesores de la escuela–, así como de Sándor Bortnyik, artista húngaro muy próximo a sus ideales.

La muestra pone énfasis en aquellas piezas creadas en el periodo de actividad de la Bauhaus (1919-1933) y, en algunos casos, mostradas en la gran exposición organizada en el verano de 1923. En ellas se pone de manifiesto la evolución desde el lenguaje expresionista inicial hacia otro más próximo a las corrientes constructivistas de comienzos de los años 1920.

“Cuando Walter Gropius –fundador de la Bauhaus– se decidió a crear esta escuela, consideraba que de todas las artes del momento, la que más había renovado el lenguaje artístico era la pintura: por ello los primeros profesores fueron pintores, salvo un escultor”, ha explicado el comisario de la muestra, Juan Ángel López-Manzanares.

 

INGENUIDAD Y CIERRE

 

Inaugurada en Weimar en abril de 1919, la Bauhaus (‘casa en construcción’) fue una iniciativa de educación artística. Problemas de financiación obligaron a dejar atrás el énfasis inicial en la maduración personal del alumnado y abrazar un modelo de enseñanza enfocado hacia la ejecución de encargos.

Los vaivenes políticos forzaron asimismo varios cambios de sede –Weimar, Dessau y Berlín– y de director –Gropius, Hannes Meyer y Mies van der Rohe– y fueron determinantes en la cierre definitivo de la escuela, en 1933, por el gobierno nazi.

“Osciló entre las ideas del espiritualismo militante y el expresionismo a la mentalidad tecnócrata. Hoy en día han caducado muchas ideas que incluso nos pueden parecer ingenuas (diseñaron el futuro o una vida nueva), pero una permanece viva: la gran institución pedagógica experimental que era”, ha señalado Solana.

 

DEL GRIS AL COLOR

 

Para el director del Thyssen, la Bauhaus no fue una institución “blanca o gris”, sino que también fue “el color”. “Se convirtió en un marca cultural de enorme importancia, trascendiendo el diseño y alcanzando la modernidad”, ha defendido, para recordar que, pese a su brevedad –se disolvió en 1933–, la “diáspora” que conllevó la llegada de los nazis a Alemania expandió este movimiento a las principales ciudades.

López-Manzanares ha incidido en el legado que dejó la Bauhaus, apostando por “acabar con la idea del arte como un lujo a consumir para sustituirla por un arte que cambiara el mundo”. El propio Gropius incluyó en los planes que los estudiantes tuvieran que pasar temporadas en industrias, en una clara “aceptación de las máquinas y las tecnologías”. La Bauhaus en las colecciones Thyssen cuenta con el patrocinio de la Fundación Abertis y la Embajada de Alemania.