El tradicional Belén del Príncipe incluye escenas de los tapices de Goya

Tenía la gran cifra de 5.950 piezas

El tradicional Belén del Príncipe en el Palacio Real se podrá visitar hasta el próximo 7 de enero, ha informado Patrimonio Nacional.

El Belén napolitano del Palacio, cuyo origen se remonta al siglo XVIII, es el patrón de la iconografía belenística en España. Conforme a la tradición de los presepi napolitanos, cada año se incorporan “novedades” en torno a las cuales gira su composición.

En esta Navidad, el Rey Carlos IV y su época constituyen la temática predominante, al cumplirse en 2019 el segundo Centenario de la muerte de este monarca, incluyéndose su figura y escenas de los tapices de Goya.

En el Belén también ocupan un lugar destacado las fachadas de los Monasterios Reales de Las Descalzas y La Encarnación, con motivo de la celebración en Palacio de la exposición dedicada a ambos cenobios.

Junto a la fachada de estos Monasterios se encuentran presentes las monjas de clausura correspondientes a dichos espacios, religiosos y palaciegos, de los Austria españoles, que en el caso de Las Descalzas son clarisas franciscanas, y en La Encarnación agustinas recoletas.

Además, otra de las escenas novedosas del Belén muestra a un grupo de geógrafos y hombres de ciencia, junto a su carabela y el mapa con la ruta de Magallanes, en referencia al sexto centenario de este viaje.

La pieza principal del Belén, el Misterio, reproduce el zaguán principal del Palacio Real de Madrid. Además, destaca un caserío napolitano donde se disponen diversas escenas de la vida cotidiana y diferentes actividades, el mercado callejero y la taberna.

Por su parte, la figura del Rey Carlos IV, vestido con uniforme de coronel de las Reales Guardias de Corps, tal y como lo retrató Goya en 1799, se encuentra junto a la de su esposa, la Reina María Luisa de Parma.

El monarca también aparece reflejado, a lomos de su caballo, a través de una estatua ecuestre. Otras piezas curiosas son las réplicas de los bancos de los jardines de La Granja de San Ildefonso, la miniatura de la silla de manos que perteneció a la Reina Bárbara de Braganza o el templete circular del estanque de los Chinescos del Jardín del Príncipe del Real Sitio de Aranjuez.

Además, el Belén contiene una representación del demonio y de la ciudad de Dios de San Agustín, así como otra del cetro y la Corona Real en una almohada.

 

LOS ORÍGENES DEL BELÉN

Felipe V, en su viaje a Italia en 1702, recibió como regalo un Belén napolitano. Será su hijo Carlos III, Rey de Nápoles desde 1735, quien traiga un Belén en 1760 para colocarlo en el Palacio del Buen Retiro en sus primeras navidades como Rey de España.

Antes de esa época, la belenística estaba limitada a los Monasterios de clausura y a reducidos conjuntos de imágenes que eran propiedad de algunas de las familias nobles de Madrid.

Sin embargo, los nacimientos de origen napolitano, que se caracterizan por contar con gran cantidad de figuras, no tardaron en ser adoptados por el pueblo madrileño como elemento imprescindible para celebrar la Navidad.

Esta afición la heredaron los hijos del Rey Carlos III, el Infante don Gabriel y especialmente el Príncipe don Carlos, futuro Carlos IV, quien encargó a sus agentes italianos que adquirieran las mejores figuras de belén que existían en el mercado napolitano o genovés, que formaron el llamado Belén del Príncipe.

Las figuras del Belén son piezas móviles para poder adecuar cada una de ellas a la escena que interesa representar. Las napolitanas están realizadas a la manera tradicional: cuerpo de alambre y estopa, cabeza de barro y extremidades en madera, vestidas con ricas telas, mientras que las genovesas son articuladas, con sistema de rótulas, pero todas talladas en madera y vestidas con tejidos suntuosos.

El Belén del Príncipe se fue incrementando con el paso de los años con figuras realizadas por artistas españoles, principalmente José Esteve y José Ginés.

Se ha llegado a decir que el Belén del Príncipe tenía la gran cifra de 5.950 de estas piezas, La importancia del Belén o Nacimiento la podemos seguir a través de los inventarios reales, pues en la testamentaría de Carlos III, realizada tras su muerte, en 1794, se cita en diversas ocasiones las habitaciones del Nacimiento, y se llegaron a utilizar hasta tres estancias en Palacio para albergar el Belén.

Las condiciones de acceso al conjunto belenístico para los ciudadanos han variado a través de los tiempos. Por ejemplo, a mediados del siglo XIX, era necesario presentar un boleto expedido por el Mayordomo Mayor para entrar en el recinto y visitar el Belén.

La escenografía o montaje se cuidaba con sumo detalle, y tanto los pintores de cámara como los arquitectos de Palacio eran requeridos para diseñar el gran espectáculo navideño.

En 1845, un pintor del prestigio de Vicente López fue el encargado de la disposición escenográfica del Belén, contando para ello con la colaboración de todos los oficiales de Palacio.

Hoy en día, conservadoras, restauradores y técnicos de Patrimonio Nacional son los encargados del montaje, escenografía y de la elaboración de los elementos necesarios para las efemérides que se representan cada Navidad.