Escuchar la música alta en los auriculares produce sordera

 

Escuchar música con auriculares en el transporte público, mientras se estudia, se hace deporte o se pasea es algo natural que casi todas las personas hacen. Sin embargo, un gesto tan común puede encerrar la posibilidad de sufrir lesiones auditivas si la intensidad del sonido y el tiempo de exposición al mismo son mayores de lo recomendado.

“El ruido puede dañar nuestra audición de manera permanente e irreversible y lo hace en función de dos factores: la intensidad a la que nos expongamos y el tiempo de exposición”, indica la presidenta de la Comisión de Audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC), la doctora María José Lavilla Martín de Valmaseda, que agrega que existe un factor de predisposición individual “muy importante”.

El daño “se desarrolla gradualmente con los años”, asegura la doctora Lavilla Martín de Valmaseda, que no sólo puede suceder al escuchar música con los auriculares. En general, “es consecuencia de la exposición a niveles perjudiciales de tipo ambiental, laboral o aficiones personales y entretenimiento”, resume la experta. Es en este último grupo donde se enmarca el uso de reproductores personales de música.

El nivel de ruido recomendado por la Organización Mundial de la Salud para garantizar la salud es de 65 decibelios. “Con exposición superior a 85 decibelios ya hay riesgo de pérdida auditiva si la exposición se repite en el tiempo, y por encima de 100 decibelios ya hay riesgo de pérdida inmediata. Por encima de 115 siempre hay daño”, especifica la doctora Lavilla Martín de Valmaseda, que añade que una exposición a 80 decibelios más de ocho horas al día requiere de protección auditiva para no ser lesiva.

Esta era, hasta ahora, la principal causa de trastornos provocados por el ruido. “Sin embargo, en los últimos años, los especialistas alertamos de la aparición de casos cuyo origen son otros factores, principalmente hábitos como el uso de reproductores personales de música con auriculares a volúmenes excesivamente elevados o la exposición de altos índices de ruido en bares, discotecas y conciertos”, alerta la miembro de la SEORL-CCC.

 

PÉRDIDA A EDADES MÁS TEMPRANAS

Estos factores, a su juicio, condicionan “que la pérdida auditiva aparezca a edades más tempranas, de tal manera que se estima que nuestros jóvenes puedan estar adelantando la aparición de problemas auditivos 20 años, manifestándose los trastornos típicos de personas de 60 años ya a los 40 con lo que esto conlleva: pueden ser futuros sordos prematuros”, previene la experta.

Pero “no es el auricular en sí, lo que es perjudicial es escuchar la música a una intensidad más alta de lo recomendado y durante mucho tiempo de exposición a ese volumen alto”, insiste la miembro de SEORL-CCC, que recalca que “los insertores son todavía más perjudiciales que los auriculares porque acercan todavía más el sonido al oído medio e interno, siendo la presión con la que se transmite mayor”.

La pérdida auditiva es, en efecto, una de las consecuencias de sobrepasar intensidad y tiempo a la hora de escuchar música con auriculares. “El trauma acústico crónico o hipoacusia inducida por ruidos corresponde a la pérdida auditiva continua, permanente y acumulativa, de origen neurosensorial, que se desarrolla gradualmente a lo largo de los años como consecuencia de la exposición a niveles perjudiciales de ruido ambiental o laboral de tipo continuo o interminente, de intensidad relativamente alta”, explica la doctora Lavilla Martín de Valmaseda.

Al comienzo de este proceso, la sordera es moderada, sólo afecta a las frecuencias agudas y se puede revertir. Después no. “Luego el daño auditivo se hace permanente e irreversible, la pérdida es cada vez más intensa y se afectan no sólo las frecuencias agudas, sino también las medias y las bajas, llegando en una fase terminal a ser una sordera severa”, avisa la experta.

Otra consecuencia pueden ser los acúfenos, que consiste en la percepción de ruidos o zumbidos en los oídos que no proceden de ninguna fuente sonora externa y que suelen acompañar a la pérdida de audición. Según la doctora Lavilla Martín de Valmaseda, “los acúfenos pueden llegar a ser muy molestos e incapacitantes”.

 

RECOMENDACIONES

En este contexto, la experta de la SEORL-CCC recomienda “no escuchar la música a más del estándar mínimo de salida automático con el encendido, que es menor de 85 decibelios. Si el usuario decide, voluntariamente, incrementar los niveles a más de 85 decibelios, estos dispositivos incorporan medidas de aviso cada 20 horas de escucha que alerta del riesgo”. “Nunca se deben sobrepasar los 100 decibelios”, insiste la doctora Lavilla Martín de Valmaseda.

Además de limitar la intensidad hay que limitar el tiempo de exposición. “Para evitar lesión auditiva, teniendo en cuenta que a partir de un nivel equivalente de 80 decibelios, por cada tres decibelios que aumentemos el ruido, habrá que reducir el tiempo de exposición a la mitad”, especifica la experta.

La recomendación general es no exponerse a más de 80 decibelios durante ocho horas o 40 a la semana. “Si en nivel de salida es de 89 decibelios, no deberemos escuchar música a esa intensidad durante más de cinco horas semanales”, completa la doctora de la SEORL-CCC.

Otra fórmula para prevenir la aparición precoz de la pérdida auditiva que recomiendan los especialistas es “hacer uso de este tipo de aparatos con algunas limitaciones, como no utilizarlos más de una hora al día y no superar el 60 por ciento de su volumen”, continúa la experta. “Hay que tener en cuenta que los oídos son para toda la vida y hay que cuidarlos”, concluye la doctora Lavilla Martín de Valmaseda.