Guinea Ecuatorial, entrañable y colorida

Por: Sonsoles Meana

Hace tiempo que quiero conocer Guinea Ecuatorial. No puedo decir que conozco África si no he visitado nuestra única ex colonia en el continente. Guinea Ecuatorial es un país que necesita poco tiempo para una primera aproximación. Ahora es una buena oportunidad. Tengo ocho días y creo que es suficiente para hacerme una pequeña idea de nuestra antigua colonia.

Guinea Ecuatorial es un país bellísimo. Junto con Gabón y algunas partes de Camerún, la vegetación es exuberante e increíble para los ojos del viajero. Los paisajes son fabulosos, extraordinarias las vistas, las construcciones coloniales son una preciosidad.

Pero, en Guinea Ecuatorial el viajero no puede hacer fotos. Para alguien que quiere descubrir el país, plasmar, recoger con su cámara cada instante, momento, lugar, caras, gestos, miradas es una fustracción. Al guineano no le gustan las fotos.

Como no he querido tener problemas, no he hecho fotos. Únicamente me he atrevido a fotografiar viejas casas coloniales y algún edificio cuando me he asegurado no tener ningún militar cerca.

Sin embargo, dejando de lado estos pequeños inconvenientes. Guinea Ecuatorial es uno de los países más hermosos que he visto en mi vida.

 

MALABO

Salimos de Barajas en un vuelo de Iberia Madrid-Malabo. El comandante nos informa que vamos a atravesar Argelia, Niger y Nigeria hasta llegar a Guinea.  También añade que tendremos tormentas tropicales.

Llegar a la isla de Bioko, donde se encuentra la capital, Malabo, poder ver la ciudad desde la lejanía en la noche, aproximarse a la antigua Fernando Poo es algo fantástico. Una ciudad que de repente aparece en el mar, increíblemente alumbrada para las ciudades africanas. El avión desciende y se acerca a pista por una zona muy industrializada que nunca te esperas en este continente.

Nos espera Luis en el aeropuerto. Es un guineano que regenta un despacho de abogados en Malabo y que estudió la carrera en nuestro país. Es muy agradable y sonríe constantemente. Luis quiere ser nuestro anfitrión y enseñarnos Bioko. Nos recoge en su coche y nos lleva al hotel. Es moderno con diversos colores, tiene buen precio (85 euros) al cambio. En Malabo los hoteles son muy caros si tienen un mínimo de calidad.

En la noche de Malabo hay marcha durante toda la noche. Puedes cenar y tomar algo a cualquier hora de la madrugada. Los locales están hasta arriba toda la noche, la juerga nunca acaba.

Tomamos asiento en el  “Aviator”, un local moderno hasta arriba de expatriados blancos, la mayoría españoles y americanos. Casi todos los clientes son blancos, algunos acompañados de jovencísimas chicas guineanas muy arregladas a la búsqueda de un novio blanco. En el local hay dos actuaciones, una cantante guineana que hace de telonera y algún espontáneo que se sube al pequeño escenario ya cargado de alcohol. La traca final llega con una cantante guineana increíble. Es única e irrepetible. Tiene una voz que traspasa los oídos y que te hace moverte a pesar de ser ya tan tarde y llevar casi seis horas de vuelo con tormenta tropical incluida. Esta chica canta como los ángeles y mantiene ensimismado al personal.

Malabo se despierta fantástica. Desde nuestra habitación se ve el mar. Cogemos un taxi al centro de la ciudad, estamos muy cerca, enseguida te das cuenta de que Malabo no es grande. No llevamos ni 24 horas y ya empezamos a reconocer los sitios por los que pasamos ayer desde el aeropuerto. Es una bellísima ciudad colonial que tiene un aire muy español, además de una atmósfera decadente. Malabo es la capital del país que goza de una vegetación exuberante como sólo he visto en Gabón, país con el que hace frontera.

Se dice que la isla de Bioko, la antigua Fernando Poo, se recorre en tres horas. Es domingo y las ciudades de África los domingos están muertas.

Vamos a acercarnos a una misa católica de los padres claretianos. No nos defrauda en absoluto. La iglesia está a reventar. No para de llegar gente de punta en blanco como en la España de los años sesenta. En los alrededores de la iglesia varios catequistas se ponen las sotanas y mueven con fuerza los incensarios antes de entrar al altar. Empieza a cantar el coro y se convierte en una fantástica danza con cánticos africanos. Varias mujeres sacuden unos pompones como si de animadoras de un partido de baloncesto se tratara. Visten sotanas verdes, bailan y cantan evocadoras canciones que te transportan a lo más auténtico del continente negro.

La misa resulta una maravilla. Es un privilegio poder ser testigo de un espectáculo así.

Tenemos una semana para conocer este país. Es poco tiempo porque es un país repartido entre varias islas y la parte continental que hace frontera con Camerún y Gabón. Vamos a acercarnos a Bata, la ciudad más importante de la parte continental y algún otro sitio de la costa.

La República de Guínea Ecuatorial comprende el territorio de Mbini, bañado por el océano Atlántico por el oeste; las islas de Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico, la isla de Bioko, donde se encuentra la capital, Malabo y la isla de Annobón.

La isla de Bioko se halla a 30 km de las costas de Camerún. La región continental (Río Muní) en el continente limita al norte con Camerún y al sur con Gabón. Las lenguas oficiales de Guinea son el español y el francés. Las lenguas aborígenes son el fang, bubi, ndowe, el bisio y el annobonés. El país tiene mayoría católica.

 

SIPOPO

En un taxi nos acercamos a Sipopo, la joya de la corona de los guineanos. Obiang construyó una mega lujosa urbanización con 53 villas para todos los presidentes de los países de la Unión Africana para una cumbre que tuvo lugar en el 2001 con la intención de agasajarlos. Una fantástica villa para cada uno. No he hecho ninguna foto porque es un delito en Guinea Ecuatorial fotografiar lugares públicos e institucionales.

Sipopo es un lugar para impactar y deslumbrar, pistas de golf, magníficos hoteles, increíbles villas, todo el lujo que uno se pueda imaginar.

Cenamos en un restaurante de libaneses que está hasta los topes. No cabe ni un gato. Esta ciudad desde luego tiene marcha.

En el hotel tenemos un balcón con dos sillas y una mesa, ideal para sentarse a ver como se acercan en la noche los aviones a la isla de Bioko, como van descendiendo y como toman tierra. Lo hacen cerca del hotel y parece que tocas el avión. Por la noche no dejan de llegar los vuelos de Europa a la isla.

Ya sólo nos queda sacar los billetes de avión a Bata. Nos vamos mañana al continente. La compañía aérea más importante del país se llama Ceyba. Tiene vuelos constantes entre Malabo y Bata como un puente aéreo. Los dos billetes nos han costado 280 euros.

Antes de partir a Bata hemos quedado a desayunar con Boc, un guineano que vivió muchos años en Valencia y desde el 2008 vino a Guinea. Es un abogado de prestigio, listo, culto, interesante y conocedor de África. El desayuno se prolonga cerca de tres horas fantásticas.

 

BATA

En un vuelo de media hora llegamos a Bata. Volamos con Ceyba. No me gusta volar con compañias africanas. Intento controlar mi miedo como puedo. Es imposible ir al continente de otra forma y quiero conocer Bata. Tengo muchas expectativas sobre esta vieja y colonial ciudad española.

Hemos llegado a Bata. Ni rastro de edificios coloniales y africanos. Los edificios que veo son enormes construcciones chinas. Un enorme paseo marítimo recorre la fantástica bahía. Nos instalamos en el hotel en primera línea, un edifico moderno. Después de negociar el precio en el hotel, nos lo deja en 100 euros.

Nos recomiendan el café Central, un viejo restaurante que resulta un descubrimiento. La tarde la dejamos para recorrer Bata. No queda, o no lo hemos encontrado, nada de su pasado colonial, del ambiente decadente de Malabo. Se ha convertido en una ciudad moderna.

De Paseo por la ciudad encontramos dos únicas casas coloniales, una es un colegio de monjas y la otra la casa del obispo.

Hemos quedado a cenar con Luis, el abogado que nos recogió en el aeropuerto. Le dejamos escoger restaurante. Tras la hora reglamentaria, esperándole, aparece con casi toda la familia, hermana, hermano, primos, sobrino… No me lo puedo creer, estoy cansada y me quiero ir a la cama. Su hermano pequeño se llama Carlos y hace ingeniería industrial en Ciudad Real. Nos apretujamos en el coche dispuestos a recorrer Bata “la nuit”.

Nos llevan a una terraza a tomar pescado. Se ve toda la bahía. La familia al entrar en el restaurante, saluda a todo el personal. La cena resulta divertida.

Guinea Ecuatorial es un país que sólo ofrece tesoros escondidos y que merece la pena recorrer.