Historias de un agente inmobiliario

Relata su paso de la arquitectura a la venta de pisos

Jacobo Armero relata en ‘Historias de un agente inmobiliario’ (Lumen) su paso de la arquitectura al sector de la venta de pisos, lamentando la “mala imagen” de un mundo inmobiliario en España que “está distorsionada por la especulación” que lo ha rodeado durante varios años.

“El mundo inmobiliario en España está muy mal ordenado e interpretado y, en lugar de ser la propiedad inmobiliaria un bien de primera necesidad, se trata como un negocio. Eso perjudica a los usuarios y a la gran mayoría de los españoles que necesitamos una casa para vivir”, ha señalado en una entrevista con el autor.

Armero, que repasa en su libro algunos de los casos más curiosos que ha tenido en esta nueva aventura y cómo tuvo que cambiar el ‘chip’ de su anterior profesión, reconoce que mejorar la imagen de los agentes inmobiliarios no era una de sus “motivaciones”, pero le “alegraría” que ocurriera. “Hay mucha gente haciendo un trabajo fantástico todos los días y, si lo consigo, sería una aportación fantástica”, ha añadido.

Armero cayó en el sector inmobiliario durante la última crisis, como “tantos compañeros de la escuela de arquitectura que se vieron desplazados del mercado laboral”, un “fracaso generacional” que también aborda el libro. No obstante, considera que los “peores años” para el sector han sido “los de bonanza inmobiliaria”, ya que el servicio “está más demandado cuando es más difícil de vender”.

A la pregunta de qué se puede aprender en esta profesión, ha resaltado que sobre todo “hay un aprendizaje de cómo relacionarse mejor con la gente”. “Me he quitado muchísimos prejuicios, me ha ayudado a saber desenvolverme en muchas situaciones, a escuchar, a ser más respetuoso y a entender mejor a la gente”, ha defendido.

Al tiempo que lamenta la transformación de los núcleos urbanos en “productos turísticos”, celebra por otro lado la posibilidad de vender pisos en una ciudad como Madrid, a priori, “fea en un sentido arquitectónico o urbanístico”.

 

LA ‘BUENA’ ARQUITECTURA

“Madrid tiene lo más bonito que puede tener una ciudad, que es esa apertura y esa amabilidad que la hacen bellísima. No hay una Torre Eiffel ni un monumento especialmente destacable, pero tiene una vida mucho mas divertida que París o Londres”, ha recordado Armero, quien en un primer momento probó con las casas de ‘buena arquitectura’, algo que no repetiría. “No hay un entendimiento del valor de la arquitectura, eso me da mucha pena”, ha reconocido.

Además de probar suerte en el mundo inmobiliario y de la arquitectura, también ha pasado por la gestión cultural, trabajos a los que no tiene intención de volver “porque España todavía no se ha recuperado”. “No sé si la palabra es intruso, pero igual soy algo parecido: en cierta manera, me gusta no encasillarme ni especializarme en nada”, ha concluido.