La Reina preside el Patronato de Fad en el que se analiza el impacto de la crisis en la juventud

Su Majestad la Reina ha presidido la reunión del Patronato de Fad que se ha celebrado en la sede de Mutua en Madrid. Doña Letizia ha estado acompañada por el presidente de Fad, D. Ignacio Bayón; por el presidente de Mutua Madrileña, D. Ignacio Garralda; y por el resto de patronos.

En la reunión del Patronato se han abordado las consecuencias que la actual crisis, provocada por la pandemia de Covid19, está teniendo en adolescentes y jóvenes. A este respecto el presidente de Fad, D. Ignacio Bayón, ha hecho un llamamiento a la unidad para apoyar a la juventud: “A partir de la segunda ola de esta pandemia se ha difundido un discurso que ha señalado a la gente joven como insensata, imprudente y en gran parte responsable de la propagación del Covid, subrayando los comportamientos de algunos en espacios de ocio como la tónica general de la actitud de jóvenes y adolescentes ante la crisis sociosanitaria. Desde Fad nos apoyamos en datos para entender las vivencias juveniles en general y para profundizar en cómo han transcurrido estos meses tan anómalos en particular, tratando de huir de generalizaciones y opiniones con poco fundamento, para tener indicadores que permitan analizar qué está pasando y hacerlo desde el relato juvenil, desde sus percepciones, valoraciones y expectativas. Porque lo que está claro es que la juventud está siendo uno de los colectivos más golpeados por esta crisis y necesitan del apoyo de todos para salir adelante”.

Desde el punto de vista del empleo, España sigue a la cola de la UE en empleo joven, junto a Grecia e Italia. Los malos datos de empleo, junto a las tasas de precariedad, colocan a uno de cada tres jóvenes en riesgo de pobreza y exclusión social (Tasa AROPE), siendo las mujeres jóvenes las más vulneradas en este sentido y agrandando la brecha de desigualdad de género.

Y hay otra serie de rasgos característicos del empleo juvenil que hacen muy precaria su situación laboral, como salarios más bajos, mayores tasas de temporalidad y parcialidad, una mayor discontinuidad y trabajo estacional y un mayor riesgo de sobrecualificación. La tasa de temporalidad de la población joven (15-29 años) es del 52% en España, frente a un 33% de media en la UE. Y la tasa de parcialidad involuntaria es del 51%, frente a un 25% de media en la UE (últimos datos de 2020)

En cuanto a educación, ellos y ellas han tenido que estudiar a distancia con pocos recursos y mucha improvisación: la educación telemática ha estado presente entre casi un 90% de quienes estudiaban, impactando de forma muy desigual entre el alumnado en función de sus condiciones materiales y de su capacidad y la de sus familias para moverse en un entorno —el digital— que les puede resultar ajeno.

España ha tenido que afrontar el cierre de los centros escolares partiendo de un gasto público en educación que se sitúa entre los más bajos de Europa y unos niveles de abandono escolar prematuro que, por el contrario, se sitúan entre los más altos de su entorno inmediato. Un 16% de jóvenes españoles abandona de forma prematura los estudios, frente a un 10% de media en la UE (últimos datos de 2020).

Además, la pandemia ha evidenciado brechas tecnológicas que muchos pensaban superadas entre la gente más joven: hemos detectado lo problemático que resulta conectarse a internet sólo con el móvil y sus datos, sin tener un ordenador de uso personal y conexión wifi en casa, por las dificultades que supone para llevar a cabo la enseñanza online, realidad que según los estudios del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad afecta a un 20% de jóvenes.

Y junto a esa brecha de acceso mencionada, entre la juventud hay que atender así mismo a las brechas de uso: la variedad de formas de uso y el aprovechamiento de las posibilidades que brindan las TIC es mucho mayor entre jóvenes de clase alta y media alta, entre quienes tienen entre 25 y 29 años y entre jóvenes con estudios superiores.

En cuanto a la salud, el impacto en la juventud ha sido claro. Especialmente en la salud y estabilidad emocional. Tras el confinamiento, en el mes de julio de 2020, se ha observado un aumento considerable de las sensaciones negativas, destacando la incertidumbre (28,9%, y 1,7 puntos más que en el mes de marzo), la ansiedad (22,6%, y 10,5 puntos de crecimiento en pocos meses) y el desánimo (19,5%, 9,6 puntos más)[1].

Un aspecto especialmente preocupante tiene que ver con sus vivencias en el seno de la pareja: las experiencias de violencia o acoso en la pareja, que se han agravado especialmente durante la pandemia, han afectado a más de 3 de cada 5 jóvenes. Principalmente, han aumentado las situaciones de control de la actividad (25,7%), el teléfono móvil (24,2%) y de las personas con las que se relacionan los y las jóvenes (16,1%).