Namibia, impresiones y reflexiones sobre la vida de campamento

Por: Sonsoles Meana

Namibia es un desierto. No hay nada. Namibia es un páramo yermo y deshabitado. No hay vida, salvo animal. No tiene el pulso vital de otros países africanos. Tiene poco más de dos millones de habitantes para un país con una superficie de 825.000 km cuadrados, casi dos veces España. Es un país despoblado.

 

Cuando sobrevuelas Namibia se ve sólo desierto, caminos infinitos de tierra, ni una carretera asfaltada, líneas interminables y cauces de ríos secos. No se ven ni pueblos ni poblados, apenas tiene ciudades. No hay nada.

 

Namibia únicamente está poblada de animales que cruzan por las carreteras de tierra, babuinos gigantes que te miran inquietantes desde las pistas, springboks, impalas, jirafas, cebras, orices, kudús. Hay animales por todas partes no sólo en los parques nacionales. El país entero es un enorme parque nacional. A pesar de estar despoblado y deshabitado, Namibia es bellisimo. Es uno de los países más hermosos de este continente.

 

Tiene paisajes variados y contrastes únicos. Namibia es de una belleza tan impactante que nunca podrás olvidar. No hay casi ciudades. Las ciudades no son más que dos calles destartaladas que se cruzan y algún comercio en los cruces. No hay bares ni gasolineras, ni tiendas, ni casas, simplemente no hay nada, salvo maravillosos desiertos, impresionantes montañas de formas increíbles, cielos de un azul intenso que te deslumbran la vista, el rojo más intenso de arena de desierto, sábana africana, las acacias más bellas. Las más evocadoras imágenes de África las he encontrado en Namibia.

 

La belleza de Namibia es única e irrepetible. Es sinceramente incuestionable. Los atardeceres más hermosos, las imágenes más cautivadoras, irresistibles me las ha regalado Namibia, la hermosa Namibia.

 

11 de noviembre (Madrid-Johannesburg-Windhoek)

Nos vamos a Namibia. Parecía que este momento no iba a llegar nunca. Me gusta viajar con mis amigos. Teníamos pensado venir a este país desde hace dos años. En Cape Town, compartimos desayuno con unos namibios que nos hablaron con pasión de la belleza de su país rojo. Me había impresionado desde la ventanilla de mi avión con destino a Sudafrica adivinando el tremendo y espectacular contraste del rojo del desierto y el imponente azul del Óceano Atlántico. Esa imagen no se olvida. En ese momento, supe que tenía que visitar este país.

 

El viaje es largo. Tres escalas de avión. Ahora volamos a Londres. Esta noche cogemos un avión a Johannesburg y mañana a Windhoek, capital de Namibia.

 

Este viaje es un viaje de naturaleza, paísajes y animales. Las tres cosas me apasionan. Tengo muchas ganas de hacer esta aventura por varías razones. Me gusta viajar con mis amigos. Todo es fácil con ellos. No hace falta hablar para entendernos. Nada es problema. Todo fluye solo. Además, me gusta descubrir lugares nuevos juntos. Me gusta verles disfrutar.

 

Hemos alquilado un coche que recogemos en el mismo aeropuerto de Windhoek. Desde allí, empezaremos a recorrer el país. Llevar un coche propio ya determina otro tipo de viaje, puedes llevar una maleta grande o mediana y por lo tanto, mas ropa.

 

En los viajes que hacemos Xaquín y yo, recorriendo países en transporte público, la maleta debe ser pequeña, una para los dos, un par de pantalones, un par de camisetas, un par de camisas, nada que dificulte el viaje y que nos permita desplazarnos con facilidad. En este viaje hemos traicionado a nuestra vieja y pequeña maleta roja. Este viaje no tiene que ver con nuestros viajes de trotamundos.

 

3 de noviembre (Windhoek-Parque Nacional de Etosha)
Dejamos Windhoek. Hay 500 kilómetros hasta llegar al parque. Tengo muchas expectativas. Me apasionan los animales. Siempre que he tenido la suerte de entrar en un parque nacional africano me ha parecido una experiencia fascinante y única. Dicen que Etosha esta plagado de ellos.

 

Hemos reservado tres noches en principio. La carretera hasta el parque es monótona. No se ve gente. Al salir de la ciudad hay coches pero pronto, todo es desierto, paisaje lunar, el panorama es desolador. Todo está deshabitado, ni pueblos, ni poblados, ni casas, nada que despiste tu atención. De vez en cuando se ven babuinos gigantes que nos escudriñan acechantes a ambos lados de la carretera.

 

También descubrimos alguna reserva o algún logde en nuestra ruta. Se nos cruzan numerosos facoceros o jabalíes africanos por delante del coche. Vemos alguna avestruz caminar tranquilamente. Se deben salir de las reservas o es que este país está lleno de animales.

 

Estamos en un campamento en mitad de la selva y la vida que se hace es de campamento. La gente lleva indumentaria cómoda y parecida, camisas de color caqui, bermudas, gorras, prismáticos, cámaras de fotos, Hay coches de safari por todas partes, aparcados, saliendo de ruta, rangers uniformados por el recinto electrificado. La vida en estos campamentos es fantástica para quien le gusta disfrutar de la naturaleza y poder observar a los animales en su entorno.

 

La gente vuelve de los safaris y cuenta sus experiencias. Acaba de llegar un grupo, dicen que han visto a unos leones descuartizar a un pequeño impala. Nos han dado una cena fantástica en el campamento. Estábamos muertos de hambre. Nos hemos acercado a la water hole del campamento para ver caer la tarde. Ha sido fantástico. Un enorme elefante chapoteaba con el agua mientras el día empieza a adormecer.

 

Pronto descubrimos una jirafa muerta en el suelo. Acaban de abandonar el festín los grandes depredadores y ahora se van acercando los carroñeros, primero las hienas, luego los buitres. Nuestro ranger dice que la jirafa ha muerto de muerte natural. La están devorando los buitres. El espectáculo es fascinante.

 

Seguimosla ruta. Etosha está plagado de animales. No he visto nada igual. Escuchamos en la noche a las hienas gritar y chillar con gritos espeluznantes. El ranger nos avisa que escucha a un leopardo muy cerca. Vamos tras su rastro pero no logramos verle. Nos dice que esta muy cerca. Es terrorifico oirle casi al lado.

 

Seguimos nuestro camino llenos de emoción. El frío es espantoso, se te va metiendo en los huesos. Vamos abrigados hasta arriba con sudaderas y cazadoras pero no es suficiente. Las temperaturas tienen unas oscilaciones brutales. Estamos en un desierto. Durante el día alcanzamos 40 grados y por la noche y la madrugada, bajan los termómetros a seis o siete grados.

 

Vemos una manada de leones descansando tranquilamente. Se ve que están ahítos, empachados y hartos de comer. No hay más que verlos. Al lado tienen dos pequeñas jirafas bebes tiradas en el suelo. Están muertas y abiertas en canal. A simple vista se ve lo que les queda de estomago e intestinos. Debe hacer poco tiempo que las han matado porque sus pobres madres merodean, angustiadas sin acercarse y siendo testigos del dramático espectáculo.

 

15 de noviembre (Parque Nacional de Etosha)Ayer disfrutamos de un atardecer único, de los mejores, de los que sólo se pueden ver en esta parte del mundo. Los atardeceres de los documentales de National Geographic. Atardeceres que hacen que te olvides del mundo y que sólo exista este momento mágico y sublime.

 

Nada existe, solo el momento irrepetible de ver esconderse el sol, implacable, rojo, inexorable, violento y fascinante.

 

La vida del campamento es fantástica. Nos levantamos en plena noche, antes del amanecer, para salir a recorrer la selva. A las diez de la mañana, el sol ya aprieta y la vida de los animales se va apagando. Es cuando se quedan quietos bajo las sombras de enormes árboles africanos y es complicado verlos con actividad.

 

En este momento es cuando la vida de campamento se llena de movimiento, leer, escribir, sentarse cerca de una charca para ver los animales que se acercan a abrevar o a refrescarse. También se aprovecha para hacer alguna compra para preparar la comida. En estos campamentos suele haber alguna pequeña tienda con las cosas más básicas. Es el momento del trasiego, de la actividad dentro del campamento, Se revisan y comprueban los coches, se inspeccionan las ruedas, se llenan los depósitos de gasolina.

 

El campamento está lleno. Los coches ya están preparados para salir de safari al caer la tarde. Es un pequeño universo, un mini cosmos que no se puede comparar a nada. Es el momento del descanso y sosiego en el campamento.

 

A medida que la tarde cae, las sorpresas te asaltan en el camino. Un elefante se planta delante de nuestro coche y sigue su senda. Una leona nos sale al encuentro. Hay chacales por todas partes. Un rinoceronte que se acerca con paso cansino. Todo es espectacular. Los coches de safari empiezan a recorrer los caminos. La tarde cae y la luz se torna anaranjada. Está prohibido llegar tarde al campamento y son muy estrictos con la llegada. Hay que llegar a la puerta del campamento antes de que el sol se esconda. No se permite recorrer el parque al anochecer por el riesgo que puede suponer.

 

Mañana, para mi tristeza dejamos Etosha. Namibia es enorme, tenemos pocos días y muchísimo que ver. Me quedaría en este lugar el resto de mi vida. No hay nada que me produzca más satisfacción que vivir esta naturaleza tan brutal.