Padre Ángel, una vida dedicada a transformar el mundo

Lucía López Alonso y el Padre Ángel publican ‘Padre Ángel, La humildad y la rebeldía’, ( Planeta), un libro inspirador que nos anima a practicar una solidaridad sin límites, a abrir nuestros corazones a los más desfavorecidos y a darnos cuenta de lo privilegiados que somos. Con la justicia social como bandera, el Padre Ángel se rodea de personas de todas las ideologías y diferentes experiencias vitales para hacer realidad la máxima “un mundo mejor es posible”.

Los cooperantes de Mensajeros de la Paz tienen en su presidente, el Padre Ángel, el mejor ejemplo, y por ello trabajan sin descanso allí donde el Hambre y la Pobreza, con mayúsculas, campan a sus anchas.

Una vida dedicada a los más desfavorecidos, a aquellos excluidos por la sociedad, los “sin techo”, ya que el Padre Ángel rehúye del eufemismo políticamente correcto “personas sin hogar”, poniendo especial atención a niños y ancianos. Exclusión es una palabra que el Padre Ángel ha borrado del diccionario, invitando a personas de todo tipo de credos a su iglesia, o bendiciendo a las parejas independientemente del género de las personas que la forman. Un cura rebelde con ganas de cambiar el mundo y las leyes absurdas que lo rigen.

Los proyectos e iniciativas que el Padre Ángel ha llevado a cabo en la iglesia de San Antón, en la madrileña calle de Hortaleza, son de lo más variado. Desde las máquinas de café instaladas a la entrada, hasta el cepillo abierto sobre el que reza: “Deja lo que puedas, coge lo que necesites”. La iglesia del futuro, con conexión a internet, abierta veinticuatro horas, destaca sobre todo por su carácter social y familiar. Tanto que no es raro ver a ateos confesos como Cándido Méndez, ex secretario general de UGT, cada martes ayudando con los desayunos. Una idea totalmente inspirada en la llamada del actual Papa Francisco a hacer de las iglesias centros sociales. Espacios útiles para los más desfavorecidos, para gente como Fausto, Almudena o Candela, que llegaron del infierno de la calle al cielo de San Antón y cuyas historias comparte esta obra. Vidas truncadas por un golpe de suerte del destino, o por los golpes recibidos en la infancia; personas que hacen realidad la máxima budista “no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”. Gente que muchas veces tan solo necesita un beso, un espacio donde no sea repudiada, un lugar al que poder llamar hogar. Todo eso y mucho más lo encuentran en la “República” de San Antón, un orgullo para Madrid y un ejemplo para los ojos del mundo.

El padre Ángel cumple 80 años en 2017 y este libro quiere contar su historia. La vida de un personaje peculiar; que recibe a todo el mundo en su iglesia sin preguntar su filiación, que sueña con un mundo más justo para todos y que cada día trata de hacerlo posible. Su actividad imparable, sus dotes de comunicación y su vocación sin límites le han hecho conocido por todo tipo de público, personas que le admiran desde lugares ideológicos muy diferentes.

El libro aborda los grandes valores que el padre Ángel practica y promueve: la justicia social, la denuncia constructiva, la misericordia cotidiana, la tolerancia, la solidaridad… Su lectura nos ayudará a conocer los proyectos sociales que mejor ejemplifican su labor, entre los que se encuentran la iglesia de San Antón, la primera parroquia 2.0 en la que los pobres se sienten como en casa, o el restaurante Robin Hood para personas sin recursos, con todos los lujos de un restaurante al uso.

A la vez, la obra nos relata la vida de personajes de todo tipo y condición que se han visto en la calle y que ahora viven mejor gracias a la labor de un hombre digno de admiración como es el padre Ángel.
Ángel García Rodríguez, conocido como el Padre Ángel, nació en marzo de 1937 en La Rebollada, Mieres, un pueblecito minero de Asturias. Fue un niño de la guerra civil española, rodeado por un clima primero de guerrilla, después de represión. Fue al colegio de La Rebollada hasta los diez años, después, a Mieres, con los hermanos de La Salle, hasta 1947. “Allí me hice mayor. Fue como salir de la guardería. Cogía un tren cada día”, recuerda.

A diferencia de los otros niños nunca quiso ser futbolista, ingeniero o abogado. Desde muy pequeño tuvo clara su vocación: quiso ser sacerdote. Pero no un cura de liturgia, sino uno de acción. Así podría ayudar a los más desfavorecidos al igual que hacía Don Dimas, el cura de su pueblo, con las viudas y huérfanos que había dejado la guerra. Otro de los referentes del pequeño Gelín fue San Juan Bosco, el santo de Turín fundador de los salesianos; el maestro de los chicos de la calle. Don Bosco, a través de la educación y del amor, demostró que otro futuro era posible para esos niños que se habían quedado solos en medio de unos tiempos de hambre, revueltas y muy pocas oportunidades para la juventud desfavorecida.

 

MENSAJEROS DE LA PAZ

A una primera vivienda que el Padre Ángel abrió para sus muchachos en Otero, la barriada de Oviedo, se sumaron muchas más, hasta terminar transformando esa primera casa en un complejo extendido en más de cincuenta países, del que dependen cuatro mil trabajadores y cinco mil voluntarios, que a su vez ayudan a mejorar la vida de unas sesenta mil personas.
Así nació Mensajeros de la Paz. Fue creada como una ONG laica por recomendación del Cardenal Tarancón, para tener más independencia. Era el año 1972 y el Centro Asturiano en la calle Arenal de Madrid se convirtió en algo así como la primera sede de Mensajeros.

 

ROBIN HOOD, EL RESTAURANTE DE LOS POBRES

Una de las más sorprendentes y revolucionarias iniciativas del fundador de Mensajeros de la Paz lleva el nombre de un rebelde defensor de los oprimidos que luchaba contra el sheriff de Nottingham: Robin Hood. Se trata de un restaurante solidario que funciona de forma mixta. Para la clientela en general por la mañana y a mediodía y, por las tardes, el servicio se limita a la cena para personas que no pueden permitírsela, con el mismo menú que se sirve en las comidas.

La idea nació de la consciencia del Padre Ángel de que las cenas que se servían en su iglesia consistían en una bolsa para tomar en la calle: algo no tan digno como le hubiera gustado. Así empezó a buscar un local donde servir la cena, en mesas, en caliente y sin colas; con servilletas de tela, copas de cristal y camareros de profesión.
Ubicado en el número 7 de la calle Eguilaz, entre la glorieta de Bilbao y la iglesia de San Antón, todo el mundo es bienvenido. El Padre Ángel ha llenado las paredes con carteles que transforman la prohibición en invitación. “Aquí sí puedes utilizar los aseos sin necesidad de consumir”. “Deja pagado un menú o café para alguien que lo necesite”. “Si te has quedado sin saldo y necesitas hacer una llamada, pídenos el móvil”.

Para llevar a cabo sus innumerables propósitos, el Padre Ángel se rodea de personajes anónimos cualificados y bondadosos como Adrián, Blanca o Elena, que no dudan en dejarlo todo para unirse a los proyectos solidarios del Padre Ángel.
Lucía López Alonso (Madrid, 1992) se incorporó a la Fundación Mensajeros de la Paz en 2016 como responsable de prensa de la ONG del Padre Ángel. Graduada en Historia del Arte, formada en Humanidades y con experiencia en integración de personas con discapacidad, animación sociocultural a menores en desventaja social, alfabetización de inmigrantes en España y cooperación internacional, ha encontrado en el Padre Ángel un imprescindible referente social.

Lucía viaja a menudo con el presidente de Mensajeros a los países más desfavorecidos, donde ha conocido, por ejemplo, los proyectos de educación y desarrollo comunitario de la ONG en Perú, Grecia o Jordania. Ha publicado artículos, reportajes y crónicas sobre estas experiencias en diversas revistas y diarios como El Mundo, Público o La Razón.

El Padre Ángel García Rodríguez (Mieres, 1937), fundador de la ONG Mensajeros de la Paz, es un sacerdote diocesano que ha dedicado toda su vida a la labor social y a la defensa de los derechos humanos. Hace más de cincuenta años comenzó su obra en Asturias creando los primeros hogares mixtos para huérfanos en España. Continuó su labor abriendo centros residenciales para cuidar a los más mayores y ofreciendo su apoyo a nuevos colectivos desfavorecidos, como las mujeres víctimas de violencia machista o las personas con discapacidades físicas e intelectuales.

Tras haber estado presente en multitud de conflictos y tragedias, el Padre Ángel sigue protestando incansablemente contra las injusticias del sistema global. Ha abierto su iglesia las 24 horas del día para estar siempre disponible y en contacto con quienes malviven en las calles de Madrid. Recién cumplidos los ochenta años, continúa bendiciendo a diario a las personas que son capaces de emocionarse con todo lo bueno que pasa en el mundo.