Sanchismo, comunismo y otros ismos

Por: Julio Collado Nieto 

Sostiene Pereira que cada vez le cuesta más aguantar las campañas electorales por su nivel de banalidad y de pobreza lingüística así como por el abuso y la fealdad en los insultos entre los contrincantes. Basta escuchar un día a muchos de los líderes políticos y ya sabe uno lo que va decir al día siguiente y al siguiente y al siguiente. Por eso, sus frases suenan huecas, aprendidas y no digeridas, como si fueran loros. Es lo que, en el lenguaje llano, se dice “cogerla llorona” y no soltarla hasta que acaba la campaña. Véase si no lo de las granjas. ¿Qué habrán hecho los terneros para tener que soportar las caricias de Pablo Casado y sus susurros al oído, “ni se te ocurra ser comunista”? Según dicen los expertos, la pobreza de vocabulario y de sintaxis denota a las claras la pobreza mental; quien no es capaz de ordenar unas cuantas palabras que expresen algo concreto, algo tangible, algo propio, no aprendido de antemano, algún problema que preocupe a la gente del común es porque no tiene ninguna respuestas en su magín y tiene que rellenar su discurso como si embutiera una morcilla.

Este modo de hacer política es una manera de ejercer la antipolítica, un atajo para crear ciudadanos apáticos y hastiados, que terminan pensando y repitiendo machaconamente el latiguillo fatalista, “todos los partidos son iguales”. Un paso peligroso por falso. Si algo parece cierto es que hay muchas formas de mirar el mundo y la organización social y, según sean ellas, así se hacen las leyes que afectan el día a día de los ciudadanos del Mundo, de Europa, de España, de Castilla y León y del Ayuntamiento más minúsculo. Por eso, es tan importante votar para elegir los representantes en los diferentes órganos legislativos y votar poniendo en ello no solo corazón sino sobre todo razón pragmática porque los programas de los partidos y sus prácticas como gobernantes son muy distintos. Hay que leerlos como se leen los prospectos de las medicinas y no quedarse en las traducciones hueras y demagógicas de los candidatos para consumo rápido de los oyentes. Por eso, antes de votar y hacerlo con ilusión, es inexcusable el analizar los “efectos secundarios” de las políticas hechas anteriormente y no sólo lo que ahora proponen.

En tiempos electorales como los actuales, a los candidatos que han estado gobernando hasta ayer, no les gusta que les pregunten por sus fracasos y, por eso, se inventan problemas inexistentes, bulos o palabras que nada dicen pero que meten mucho ruido. ¿Cuántas veces ha oído el personal la palabra “sanchismo” en boca de los que el mismo día de tomar posesión el actual Gobierno lo calificaron de ilegítimo? ¿Algún periodista va a exigir, por ejemplo, al Presidente Mañueco que explique su significado y que, ya de paso, cuente cómo va remediar la emigración juvenil, el abandono del mundo rural, la desaparición de explotaciones ganaderas que tanto le han empezado a preocupar en esta campaña, la política contra incendios, la desigualdad entre provincias en la que Ávila está a la cola, la falta de cooperativas agropecuarias fuertes, la baja industrialización, los próximos juicios sobre corrupción y, en fin, las carencias en la sanidad? Porque alguna responsabilidad tendrá su partido de la situación actual en CyL si lleva gobernando esta tierra 35 años. No basta con oponerse al “sanchismo”, signifique lo que signifique eso, y quedarse tan pancho como si fuera nuevo en la plaza que gobernó hasta que, caprichosamente, por interés partidista, convocó a arrebato electoral en medio de una pandemia. ¿Quién puede creerle cuando afirma que “los partidos no son, como cree Sánchez y sus amigos, instrumentos para atrapar el poder sino para servir a la sociedad”? ¡Toma ya! “Dime de qué presumes y te diré de qué careces!

Y cuando dicen, “Más ganadería, menos comunismo”, ¿pueden aportar alguna Ley de ese tipo de las muchas que se han aprobado en esta legislatura a pesar de ser el primer Gobierno de coalición en España, de enfrentarse a una crisis sanitaria nunca vista y a pesar del acoso y derribo de una oposición que, desde el minuto uno, ha trabajado para echarlo abajo? Sólo hace falta revisar el objetivo que se propone el PP en estas elecciones: “Desterrar el sanchismo de esta tierra”. Como si el 13 de febrero se celebraran Elecciones Generales. Mala suerte tiene CyL, soñando con imperios en vez de tratar sus problemas. ¿Cómo no se va a quedar desierta? Una viñeta humorística ha dado en el clavo sobre el debate actual: Unos cerdos enjaulados y apelotonados gritan insultones a un cerdo solitario que hoza tranquilamente bajo una hermosa y verde encina: ¡¡Comunista!!

Cada cual, elija el sitio que prefiera sin tener en cuenta patriotismos o provincialismos baratos.