Sorolla muestra su jardín, espacio de refugio y liberación

El Museo Sorolla ha inaugurado este 6 de julio la exposición ‘Sorolla. Un jardín para pintar’, que se podrá visitar hasta el próximo 20 de enero, y que recoge una colección de cuadros del autor, “a la vez pintor y jardinero”, realizados tanto en su propio jardín como en otros que usó de inspiración en Granada y Sevilla.

La exposición ha sido comisariada por la directora del museo, Consuelo Luca de Tena y por María López Fernández, quien ha detallado a los medios durante la presentación, que la muestra parte de la importancia del jardín de Sorolla “en sí mismo” y de lo que representa para él y que le ayuda a llegar a una “iconografía más íntima” para “liberarse” y “alcanzar”.

La muestra presenta a un Sorolla maduro que, a lo largo de sus últimos años y paralelamente a los encargos de los murales de ‘Visión de España’ para la Hispanic Society de Nueva York, dedica su tiempo libre a idear un jardín, diseñarlo, plantarlo y cultivarlo para después disfrutar pintándolo.

Así, según ha explicado la comisaria, el jardín comenzó a construirse al tiempo que Sorolla levantó su casa, en 1912, e ilustra el sentido de “refugio” que buscaban los pintores europeos, como también se observa en la obra de Monet, Liebermann o Manet, para alejarse de los comienzos de la primera Guerra Mundial.

“Sorolla actúa de manera muy espontánea como uno de los creadores del jardín español que mezcla influencias hispanomusulmanas y europeas al inspirarse en jardines de la Alhambra y el Generalife de Granada y los jardines sevillanos”, ha explicado Luca de Tena.

Estos jardines se organizan tradicionalmente en estancias acompañadas de espacios de transición a los que se concede mucha importancia, por lo que Sorolla buscó plasmar esto en su jardín particular que se encuentra integrado por tres espacios: un primer jardín que actúa como recibidor, un segundo que hace los efectos de transición y que, por esa misma razón y para llevar a cabo un cambio de espacios paulatino, fue el último que concibió Sorolla, y un tercer jardín que cuenta con una lámina de agua al estilo de las acequias andaluzas otorgándole protagonismo al elemento, a la forma de los jardines granadinos.

En concreto, según han especificado las comisarias, Sorolla plantó para su jardín especies tradicionales españolas como el seto bog que mandó traer del Alcázar de Sevilla; geranios en maceta que combina con la planta en tierra para poder renovar el jardín durante todo el año; rosales, por los que tanto él como su mujer sentían especial devoción y especies en ese momento exóticas como los alhelíes, los rododendros y las hortensias.

“No era jardinero ni tenía formación así que trabajaba a base de prueba y error pero siempre con la intención de que el jardín sirviese para ser pintado, por lo que incorpora perspectivas y elementos verticales para dar mayor profundidad –ha señalado López–. Además en las misivas que enviaba a su mujer, Clotilde, cuando estaba de viaje, Sorolla se interesaba enormemente por el estado del jardín y le preguntaba si habían florecido ya los rosales y en qué estado se encontraban las plantas”.

Además, más allá de representar el estado del jardín en el momento de realizar la obra, Sorolla “imaginaba” y plasmaba cómo quedarían algunos espacios cuando terminasen de crecer y florecer las plantas, algo que, según ha precisado la comisaria, se ha podido saber comparando los lienzos con las fotos de la época.

Asimismo, la comisaria ha destacado que Sorolla también recreó el empedrado de los jardines y utilizó azulejos para “dar color” al jardín durante el invierno y cuando no conseguía suficientes para la composición los enmarcaba y colgaba a lo largo del jardín.

CUADROS PARA USO PERSONAL

“Para ser un pintor que realizó tantos dibujos, las representaciones de sus jardines son casi siempre en forma de cuadros, a excepción de los bocetos sobre los planos y las ideas que traía de Sevilla y Granada”, ha apuntado López.

En este sentido, las comisarias han destacado que el pintor no realizaba los cuadros con la idea de venderlos, sino que los hace “para sí mismo” por los que muchos de ellos no fueron firmados. “Los hacía con su rapidez característica siguiendo la idea de que tenía que pintar deprisa porque todo pasa, todo se va típica de los impresionistas”, ha recalcado.

De igual manera, según las encargadas de la exposición, Sorolla trató de pintar sus últimos retratos en el jardín, entre los que se encuentra el de Ramón Pérez de Ayala. “El escritor después contó cómo, mientras posaba para el lienzo, Sorolla estuvo a punto de desmayarse y ese fue su último cuadro, tras lo que moriría tres años después”, han relatado.

Esta exposición fue inicialmente un encargo de la Obra Social ‘la Caixa’ y se inauguró en el Caixaforum de Sevilla. A continuación, se mostró en la Fundación Bancaja de Valencia y en el Museo Patio Herreriano de Valladolid y se encuentra ahora en el Museo Sorolla con el patrocinio de la Fundación Museo Sorolla y la Fundación Mutua Madrileña.